viernes, 26 de octubre de 2012

El lenguaje del cuerpo cambia cómo nos vemos a nosotros mismos


Hoy les propongo que hablemos del lenguaje del cuerpo pero con una concepción distinta a la que estamos acostumbrados. Generalmente cuando hablamos de este tema nos referimos a cómo las demás personas nos  perciben, pensamos en interacción y en comunicación. Pero la Psicóloga Social Amy Cuddy, profesora de la Universidad de Harvard y altamente reconocida por sus estudios de la relación entre los  estereotipos y la conducta nos cuenta algo totalmente novedoso:
Nos olvidamos de otra persona que se ve influenciada por nuestro lenguaje no verbal. Esa persona  es: nosotros mismos.
La Dra. Cuddy estudió especialmente las expresiones no verbales de poder y de dominio. Estas son por ejemplo a cuando expandimos nuestro cuerpo, cuando levantamos nuestros brazos en señal de victoria, cuando básicamente nos abrimos corporalmente. Pero ¿qué hacemos cuando nos sentimos impotentes o sin poder? Exactamente lo opuesto: nos encogemos, nos metemos para adentro, nos hacemos chiquitos. La doctora se planteó una hipótesis ¿se puede fingir el poder hasta que uno lo obtiene? Y ¿puede esto cambiar no sólo cómo nos ven los demás sino cómo pensamos y sentimos sobre nosotros mismos?
La conclusión a la que llegó es que hay una cierta cantidad de evidencia de  que sí, se puede. Pero entonces la segunda pregunta que se planteó fue ¿puede nuestro cuerpo cambiar nuestros pensamientos y sentimientos? Y para investigar esto se centró en estudiar el comportamiento de las hormonas: la testosterona, que es la hormona de la dominancia y el cortisol que es la hormona del stress. Lo que encontró es que las personas poderosas tienen alta la testosterona y bajo el cortisol. Y en situaciones donde debe ostentar ese poder la testosterona sube más y baja su cortisol. Entonces realizó un experimento: hicieron que algunas personas fueran a su laboratorio y que durante 2 minutos se pararan, algunos con poses dominantes y otros con poses no dominantes sin decirles de qué se trataba. Luego les preguntaron: ¿Cuán poderoso te sentís? Y al responder les ofrecían a todos la posibilidad de jugar a un juego de azar. En todas las situaciones les tomaron un análisis de saliva antes y después del experimento. La testosterona de las personas con poses dominantes subió un 20% y las de poses no dominantes bajó un 10%.
Pero ¿puede una pose que adoptamos por unos minutos cambiar nuestra vida de manera significativa? Esa fue su siguiente pregunta.  Entonces los probaron en personas que iban a tener una entrevista de trabajo. Pero no se trataba de posar durante la entrevista sino antes porque volvemos al concepto de que el lenguaje corporal nos puede modificar a nosotros mismos. Y los resultados demostraron que las que habían hechos las poses de dominancia fueron elegidas para el trabajo.
Pero el tema siguiente que se planteó fue ¿se puede fingir poder o seguridad si uno no lo tiene? ¿Eso va a funcionar? Y sintetizando, la respuesta que nos da la Dra. Cuddy es que si. Ella dice: “Hay que fingirlo un día tras otro día y otro día hasta que uno se convierta en eso que fingió, se convierta en poderoso, en seguro. Háganlo una y otra vez hasta que lo internalicen y se conviertan y entonces no tendrán que fingirlo más.” Y continúa diciendo: “pequeños tweaks pueden llevar a grandes cambios” La palabra tweak no tiene traducción al castellano pero se refiere a cualquier pequeña modificación tendiente a mejorar un sistema. Y termina su exposición diciendo: “2 minutos, 2 minutos, 2 minutos. Hagan esto antes de cualquier situación de evaluación. Hagan que suba su testosterona y que baje su cortisol. Configuren su cerebro para dar lo mejor en esa situación.”
Interesante investigación queridos oyentes ¿no?
Vicky Detry 

Mafalda


Se acuerdan de Mafalda? Me imagino que si, pero quizá algún oyente muy muy joven, no sabe que es el personaje de un genial humorista gráfico y pensador argentino, Quino, nacido en Mendoza en 1932.
Los protagonistas de esta tira son la familia y los amigos de Mafalda, que nace en el mundo del comic en el año 1964. Son gente normal haciendo su vida de todos los días, vidas por otra parte de lo más comunes. Vidas de oficinista, de ama de casa, de hijo de un almacenero inmigrante y de una profesora de idiomas. Todos transitan las penurias de la clase media, o “mediaestúpida” como la llama Mafalda.
Mafalda tiene 6 años durante los 9 que dura la tira. Siempre se la ve preocupada excesivamente por todo lo que acontece en el mundo escuchando día a día las malas noticias de la radio o de la televisión. Sin embargo, no pierde la esperanza de que algún día todo se arregle y se consiga la paz mundial. Como todo niño odia la sopa lo que provocará ciertas discusiones con su madre.
Sus amigos son Felipe, Miguelito, Susanita y Libertad. Su familia está compuesta por sus padres y un hermano menor, Guille.
Felipe es uno de los personajes más carismáticos y se lleva bien con todo el grupo. Su apellido como el de Mafalda, es desconocido. Felipe esta locamente enamorado de una vecinita muy linda de su barrio, pero su timidez no lo deja ni siquiera hablar con su amor platónico. Es un angustiado de la vida y casi siempre estará pensando en las tareas que no hizo o en la posibilidad de que su escuela sea demolida.
Susanita es la mejor amiga de Mafalda. Es el personaje más egocéntrico de todos ya que odia compartir protagonismo. Su gran obsesión en la vida es casarse y tener muchos hijitos. Esta obsesión además la va proclamando por ahí lo que provoca continuas disputas para que se calle.
Miguelito es el más pequeño del grupo. Quino lo caracterizó por su ingenuidad y la sorpresa que deviene por el descubrimiento del mundo. Mafalda lo conoció en la playa estando de vacaciones y luego lo unió a todo su grupo.
Libertad fue el último personaje de la tira. Es como Mafalda, pero en versión más radical, más contestataria. Según Quino, representa la libertad. Es la más chiquita del grupo y le revienta la gente alta. Le gusta la gente simple, cosa que contradice complicando su lenguaje cuando habla.
La madre se llama Raquel. Es un ama de casa que no terminó los estudios por casarse, cosa que Mafalda siempre le recriminó. El padre es un agente de seguros que siempre estará pendiente de que a su familia nunca le falte el dinero. A Guille, el hermano menor de Mafalda, le gusta la sopa lo cual no hará más que provocar enfados con su hermana mayor. El número de tiras editadas sobre Guille son pocas pero  todas de una altísima calidad.
Hay muchísimas frases geniales que Quino pone en boca de los protagonistas de la tira Mafalda, como por ejemplo:“¿no será acaso que esta vida moderna está teniendo más de moderna que de vida?”. “el mundo está malo, le duele el Asia”. ¿Y si en vez de planear tanto voláramos un poco más alto?”. "Hoy entré al mundo por la puerta trasera." “¿Por dónde hay que empujar este país para llevarlo adelante?”
Tras abandonar la tira de Mafalda el 25 de junio de 1973, según él mismo por agotársele las ideas, Quino se trasladó a Milán, desde donde continuó realizando las páginas de humor que nunca ha dejado de hacer.
En el año 2008, la ciudad de Buenos Aires lo inmortaliza. Por iniciativa del Museo del Dibujo y la Ilustración, la empresa Subterráneos de Buenos Aires, realiza dos murales de su personaje Mafalda, en la estación Perú, o sea bajo la histórica Plaza de Mayo. De esta forma se asegura el conocimiento de su obra por las futuras generaciones.
Es una tira sin súper héroes, sin villanos, sin suspenso. Sólo habla de lo que nos pasa a todos, de las cosas de la vida. Y en el mes de las madres, les propongo buscar esa tira que comienza con Guille avisándole a Mafalda que hay un tipo en la puerta. En el siguiente cuadro, el hombre que resulta ser un vendedor, le pregunta a Mafalda si está su mamá. Ella le pregunta ¿cuál de ellas?. El hombre casi enojado, le pregunta si tiene más de una mamá. Y Mafalda le contesta “una a la que adoro con toda mi alma… otra que me persigue con su sopa…otra que me protege… otra que me pega cada grito… otra que es feliz en su hogar…otra que vive esclava de la casa… otra que….” Y el hombre se va. Entonces la madre le pregunta a Mafalda quién era y ella le dice “un vendedor al que le vendieron eso de que madre hay una sola”.
Natalia Peroni

miércoles, 24 de octubre de 2012

Estimular los talentos


Hoy quisiera compartir con ustedes algo que pienso desde hace muchos años, y que como Profesora en Ciencias de la Educación me invita siempre a seguir reflexionando y trabajando desde diversos ámbitos para poder revertirlo.
Creo que al sistema educativo argentino le falta, entre otras cosas, poner su foco en los talentos y los dones de los alumnos en vez de hacer tanto hincapié en lo que está mal.
En la escuela se corrige con color rojo y se subraya que tal texto está mal redactado, que tal información está incompleta, que el resultado de tal cuenta está mal.
Por supuesto que es importantísimo corregir los errores. Es una forma de aprender. Pero no es la única, y es ahí donde podemos empezar a pensar creativamente.
Hoy en día todo el mundo conoce la importancia fundamental de una sólida autoestima para lograr el equilibrio emocional y poder entablar vínculos profundos y significativos. Pero ¿trabajamos en nuestras familias y en nuestros colegios a favor de una imagen personal positiva, que genere en nuestros hijos y alumnos la seguridad que necesitan para encarar los desafíos de la vida con una mirada optimista?
Es verdad que en casi todos los programas escolares e institucionales, el desarrollo de los talentos de las personas figura como uno de los objetivos a alcanzar. Pero muchas veces nuestras prácticas educativas van en contra de lo que nos proponemos en la teoría.
Quiero ser justa con muchos maestros que se toman el trabajo de reconocer los logros de sus alumnos, pero tenemos que admitir que aún nos falta recorrer un largo trecho en el camino que conduce a la detección y la estimulación de los talentos personales de nuestros niños y jóvenes.
Sabemos que existen innumerables problemas que afectan a nuestro sistema educativo, y no es la idea analizarlos hoy acá.
Simplemente les propongo que pensemos juntos nuevas formas de hacerles saber a nuestros alumnos que son personas valiosas, más allá de su desempeño académico.
Conozco el caso de un niño de seis años, con una imaginación sumamente rica y un vocabulario extraordinario para su edad, a quien cuando le pidieron en clase que escribiera un sinónimo del verbo “ver”, puso “observar”, y la maestra le tachó esa palabra, reemplazándola por “mirar”.
Quizás a ustedes les parezca increíble, pero esto sucede hoy en día y me parece importante que estemos atentos. No para criticar a los maestros sino para abrir el diálogo y sumar nuestras ideas.
Es probable que este niño a quien no se le dan con facilidad los números, sepa en cambio cocinar; o que aquella niña con dificultades para la escritura cante bellamente; o que el más retraído tenga una capacidad de observación que podría, como todos los dones de los seres humanos, valorarse y estimularse para que esas personas logren crecer con confianza en sí mismas y en sus capacidades.
Lo mismo podemos intentar en nuestras familias. No hablemos siempre de lo que falta y de lo que no se hizo bien y en cambio comencemos a ensayar el elogio y el reconocimiento de los valores y las actitudes positivas de aquellos con quienes convivimos.
Es algo simple de hacer y que suele generar resultados casi milagrosos. Lo primero que tenemos que hacer es cambiar nuestra mirada descalificadora –que a veces es el resultado del cansancio o el agobio- por una mirada abierta al asombro y confiada en que no existe una sola persona en el mundo que no tenga algo positivo para desarrollar y eventualmente brindar a los demás.
Y finalmente, intentemos que nuestros comentarios y nuestras propuestas surjan y se concreten desde las ganas de construir, de aportar nuevos pensamientos, de mejorar lo que existe en lugar de destruirlo. Esa es la mejor manera de crear un clima donde los dones y talentos –propios y ajenos- puedan florecer en plenitud.
Clarina Pertiné

martes, 23 de octubre de 2012

Imaginar la realidad


Hoy les propongo que reflexionemos sobre la capacidad de nuestra mente de representar la realidad. Según Roger-Pol Droit en su libro “101 experiencias de filosofía cotidiana”, “nos creemos capaces de representarnos la realidad cotidiana con una exactitud considerable”.
Esto significa que si por ejemplo, yo los invitara ahora mismo a describir la entrada del edificio o la casa donde viven, o el almuerzo que acaban de disfrutar, o la ropa que llevaban puesta el día de ayer, es muy probable que ustedes se sintieran capaces de hacerlo. Como si pudiésemos encender la “pantalla de nuestra conciencia” para que sobre ella se desplieguen todas esas imágenes que suponemos bien conocidas.
Pero vale la pena que pensemos sobre esto. Quizás la pretensión de representar la realidad en nuestra mente con exactitud sea, en parte, sólo una ilusión.
Roger-Pol Droit propone un ejercicio que implica imaginar que pelamos una manzana. Parece fácil, pero les aseguro que no lo es tanto. Tenemos que tratar de que la imagen sea lo más real posible, así que empecemos primero por imaginar la fruta. ¿Qué tipo de manzana tenemos en mente? ¿Es roja o verde? ¿Grande o chica? ¿Su forma es más bien redonda o alargada hacia los extremos? ¿Tiene cabo? ¿La piel está intacta o tiene manchas? ¿El color es uniforme o presenta estrías?
Luego debemos imaginar el cuchillo con que vamos a pelar esta manzana. ¿Es de metal o de plástico? ¿Tiene mango de madera? ¿El filo es liso o tipo serrucho? ¿Es un cuchillo grande o de postre?
Una vez que tenemos la fruta y el cuchillo visualizados, vayamos por el procedimiento de pelar esta manzana. ¿Lo haremos de una sola vez, tratando de que la cáscara no se rompa? ¿O mejor por tramos, depositando los restos de cáscara en un plato? ¿La cortaremos en mitades o cuartos antes de pelarla?
El autor insiste en que debemos representarnos los movimientos con una exactitud fotográfica. El objetivo de este ejercicio es que el procedimiento de pelar una manzana se desarrolle en nuestra mente “plano por plano, imagen por imagen, segundo por segundo. Sin paradas, sin fallos, sin errores. Ninguna vaguedad, ninguna vacilación. Y sobre todo, ningún blanco, ninguna repetición. No tienen derecho a un empalme entre dos secuencias”, dice Roger-Pol Droit.
Y concluye afirmando que no lo lograremos, a menos que contemos con un gran entrenamiento o una maestría excepcional. En algún punto, la manzana cambiará de color, las imágenes se entrecortarán en nuestra mente, la piel que se desprende de la fruta no será la adecuada o la posición del cuchillo en nuestra mano cambiará sin ninguna razón.
De hecho, yo no lo logré. Pensé que la razón era que suelo comer las manzanas con cáscara; casi no recuerdo la última vez que pelé una. Entonces me concentré en otras cosas que me parecieron más fáciles. La entrada de mi casa, por ejemplo.
Tampoco pude. Tiene rejas negras pero en algún punto se corta la trama de su regularidad porque hay un buzón, aunque no sé exactamente a qué altura. El color del frente es un beige, pero no podría describir el tono de las muchas variantes de beige que existen. Tampoco logré recordar dónde está el número que la identifica, ni el timbre. Y el tambor de la puerta ¿es color bronce o plateado?
Por si esto fuera poco, la vista es un sentido privilegiado para este tipo de ejercicio. Se complica mucho más con el olfato, por ejemplo. ¿Cuál era el aroma del almuerzo de hace un par de horas? Aunque recordáramos exactamente en qué consistía, es muy difícil representarnos un olor. O el gusto.
Y por último, están las sensaciones táctiles, que no le escapan a esta dificultad. Si no me creen, los invito a representarse mentalmente cómo se siente la impresión de un beso sobre sus labios, o el calor en las manos cuando cruzan la calle con un niño, o la sensación de una caricia en los hombros. 
Se preguntarán cuál es el objetivo de este ejercicio. Tal vez solamente comprender que nuestra mente es poco fiel a la realidad, que no es tan capaz  de reproducirla correctamente como solemos creer. Y quizás también, por qué no, invitarlos a que nos replanteemos juntos el enorme protagonismo que muchas veces le otorgamos a esta mente engañosa.
Natalia Peroni

lunes, 22 de octubre de 2012

La espera


Hoy les propongo que hablemos de la espera. El autor Eckart Tolle es consejero y maestro espiritual y autor de varios libros. Uno de ellos se llama “El poder del ahora. Un camino hacia la realización espiritual.” En él habla de la espera y nos acerca una concepción diferente de la que estamos habituados. Él habla del significado esotérico de la espera.
Nos dice que el estado de presencia, en un sentido podría compararse con esperar. Dice que no es el tipo de espera habitual aburrido o inquieto que es una negación del presente. No es esperar poniendo la atención en algún punto del futuro y donde el presente es percibido como un obstáculo indeseable que le impide tener a uno lo que uno quiere. Como si esperar fuera una “actividad” entre comillas sin acción, un tiempo vacío de pérdida y fútil.
Al contrario él dice que hay un tipo de espera cualitativamente diferente que requiere alerta total. Dice que hay algunas situaciones en  donde si uno no está completamente despierto pero totalmente quieto se lo perderá. En ese estado toda la atención está en el Ahora. No hay tensión sino presencia alerta.
“Sean como un sirviente que espera el regreso del amo” dice Jesús. Alertas, serenos, quieto, sin perdernos su llegada. En otra parábola Jesus habla de las cinco mujeres descuidadas (inconscientes) que no tienen suficiente aceite (conciencia) para mantener sus lámparas encendidas, para mantenerse presentes y por ello se pierden la llegada del novio (el ahora) y no llegan a la fiesta de bodas.
Continúa diciendo que los maestros Zen utilizan la palabra satori para describir un relámpago de comprensión, un momento de no-mente, y de presencia total. Para ser consciente de las cosas dice que uno tiene que dejar su equipaje personal de problemas, de pasado y de futuro. Para ser consciente de las cosas la mente debe estar quieta.
Mientras estamos en un estado de intensa presencia estamos libres de pensamiento. Estamos quietos pero totalmente alertas. Cuando el pensamiento reaparece la quietud se pierde.
Dice que para estar presente en la vida diaria ayuda mucho estar firmemente arraigados en nuestro interior sino de otro modo la mente , que tiene una inercia increíble, nos arrastrará como un río salvaje.
 Y nos da un pequeño ejercicio: Cierre los ojos y dígase a si mismo: “me pregunto cuál va a ser mi próximo pensamiento?” Luego póngase alerta y espere por el próximo pensamiento. Comportese como un gato observando la guarida de un ratón. ¿Qué pensamiento va a salir de la guarida del ratón? Intentenlo.
Y ¿esperaron al ratón amigos?
Vicky Detry

domingo, 21 de octubre de 2012

Gente necesaria


Hoy me gustaría compartir con ustedes una poesía titulada “Gente necesaria”, escrita por Hamlet Lima Quintana, que a mí me parece bellísima.

Antes de leerles la poesía, les cuento brevemente algunos datos sobre este autor.

Lima Quintana nació en 1923 en Morón, provincia de Buenos Aires, y falleció en 2002. Tanto su padre como su madre alimentaron su amor por las letras y la música, ya que ambos escribían poesía y tocaban el piano y la guitarra.

Entre 1940 y 1960, Lima Quintana fue músico y cantor en la compañía de Ariel Ramírez. Compuso canciones que interpretaron artistas de la talla de Mercedes Sosa y Horacio Guarany.

También grabó discos con el recitado de sus poemas, entre los que se destacan “Juanito Laguna remonta un barrilete” y “La Pampa Verde”.

Publicó además numerosos libros y fue galardonado con varios premios.

Su poesía “Gente necesaria” dice así:


Hay gente que con solo decir una palabra 
enciende la ilusión y los rosales; 
que con solo sonreír entre los ojos, 
nos invita a viajar por otros mundos 
y permite florecer todas las magias. 

Hay gente que con solo dar la mano, 
rompe la soledad, pone la mesa, 
sirve el puchero, coloca las guirnaldas; 
que con solo empuñar una guitarra 
te regala una sinfonía de entrecasa. 

Hay gente que con solo abrir la boca, 
llega hasta los límites del alma, 
alimenta una flor, inventa sueños, 
hace cantar el vino en las tinajas. 
Y se queda después como si nada. 

Y uno se va de novio con la vida, 
desterrando una muerte solitaria, 
pues sabe que a la vuelta de la esquina, 
hay gente que es así, tan necesaria. 

Acá termina este poema y yo me quedo, como cada vez que lo leo, abismada en un torbellino de emociones que a veces me dejan sin palabras y me sumen en una reflexión silenciosa, y otras veces me invitan a enviarle esta poesía a alguien a quien considero, justamente, “Gente necesaria”.

Me encanta la idea de brindarles este regalo a las personas que quiero y sobre todo, me importa hacerles saber por qué las considero así.

Seguramente todos tenemos a nuestro alrededor a una persona o dos o varias que a uno lo ponen de novio con la vida y lo hacen desterrar una muerte solitaria.

O quizás -¿por qué no?- nosotros mismos seamos gente necesaria para otros. Gente capaz de hacer cantar el vino en las tinajas.

Por eso, queridos oyentes, hoy los invito a pensar en su “Gente necesaria” y enviarles a esas personas esta poesía, que es un canto de gratitud por el amor recibido.

Estoy segura de que ese reconocimiento generará en sus destinatarios más amor y más alegría, que volverán a ustedes multiplicados, iniciando así uno de los tantos círculos virtuosos que necesitamos para vivir la vida cada vez con mayor plenitud.
Clarina Pertiné

miércoles, 17 de octubre de 2012

Los cuatro acuerdos


Hoy les propongo que hablemos de “Los 4 acuerdos” que es un libro escrito por el Dr. Miguel Ruíz. Él es médico cirujano, nacido en una familia de sanadores y criado en el México rural por una madre curandera y un abuelo nagual. En este libro comparte con nosotros las profundas enseñanzas de los toltecas.
Él dice que en la vida uno ha establecido millares de acuerdos con uno mismo, con otras personas, con Dios, con la sociedad. En esos acuerdos dice “te has dicho quién eres, qué sientes, qué crees y cómo debes comportarte”.
Continúa diciendo “Si quieres vivir con alegría y satisfacción debes hallar la valentía necesaria para romper esos acuerdos que se basan en el miedo y reclamar tu poder personal.”
Si no te gusta tu vida tenés que romper esos acuerdos. Y cuando estemos dispuestos a hacerlo  habrá 4 acuerdos muy poderosos que nos ayudarán a romper con aquellos que no nos hacen bien. Estos son:
1.   Sé impecable con tus palabras. Lo que sueñas, lo que sientes y lo que realmente eres, lo muestras con las palabras. No sólo son sonidos, son una fuerza; constituyen el poder para expresar y comunicar. Son el instrumento de la magia. Ser impecable es no ir contra ti mismo, sin juzgarte ni culparte. También te proporcionará inmunidad frente a cualquier persona que te lance un hechizo. Solamente recibirás una idea negativa si tu mente es un campo fértil para ella.
2.   No te tomes nada personalmente. Te lo tomas personalmente porque estás de acuerdo con cualquier cosa que se diga. Entonces el veneno te recorre y te encuentras atrapado en el sueño del infierno. Consideramos que todo gira a nuestro alrededor y no es así. Creemos que somos responsables de todo. Pero, nada de lo que los demás hacen es por ti. Lo hacen por ellos mismos. Si  comprendes esto y mantienes este acuerdo viajarás por el mundo con el corazón abierto y nadie te herirá.
3.   No hagas suposiciones. El problema al hacerlo es que creemos que es cierto. Juraríamos que es real y acabamos haciendo un drama de nada. Siempre es mejor preguntar que hacer una suposición, porque las suposiciones crean sufrimiento. Asegúrate de que las cosas te queden claras y sino ten el valor de preguntar hasta clarificarlo lo más posible, incluso entonces no creas que lo sabes todo sobre esa situación en particular.
4.   Haz siempre lo máximo que puedas. Independientemente del resultado, sigue haciendo siempre lo máximo que puedas, ni más ni menos. Si haces de más gastarás más energía de la necesaria y al final tu rendimiento no será suficiente y te será difícil alcanzar tus objetivos. Lo máximo que puedes cambia de un momento a otro de acuerdo a tu salud, al tiempo y a los estados de ánimo. Si haces lo máximo que puedas no te culparás ni te castigarás.

Hay una historia que cuenta el Dr. Ruíz que dice así: había una vez un hombre que se acercó a un maestro y le preguntó, si meditara 4 horas por día cuánto tiempo tardaría en alcanzar la iluminación. El maestro le respondió que tardaría 10 años. El hombre entonces le dijo que si meditaba 8 horas por día cuanto tardaría y el maestro le respondió que si  meditaba 8 horas por día entonces tardaría el doble porque no estamos  aquí para sacrificar nuestra alegría ni nuestra vida. Estamos aquí para vivir, para ser felices y para amar.

Y ¿ustedes que opinan? ¿Están de acuerdo?
Vicky Detry